Hotel
Este hotel no busca ser visto, busca ser reconocido por quienes valoran los códigos no escritos, el servicio intuitivo y una atmósfera donde la privacidad es el verdadero privilegio.
26 de enero de 2026
Al llegar a Nueva York, el imaginario del lujo suele conducirnos de forma casi automática a grandes nombres como The Plaza, The Waldorf Astoria o The Carlyle, hoteles que durante décadas han encarnado la solemnidad y el ritual del gran lujo clásico. Sin embargo, basta cruzar la puerta de The Mark para comprender que existe otra manera de habitar el lujo en la ciudad.
Aquí no hay grandilocuencia ni gestos innecesarios. The Mark Hotel no se exhibe, se descubre. Y funciona como un secreto compartido entre quienes saben reconocer la elegancia silenciosa y los códigos no escritos del verdadero lujo.
Construido originalmente en 1927 bajo un estilo neorrenacentista, el edificio que hoy alberga The Mark Hotel forma parte del imaginario arquitectónico clásico de Nueva York. Su profunda renovación, culminada en 2009, estuvo dirigida por el diseñador francés Jacques Grange. Él logró reimaginar el espacio respetando su herencia histórica mientras lo adaptaba a los estándares del lujo contemporáneo.
Diseño que trasciende épocas
Foto: Lartisien
En una ciudad como Nueva York, donde los hoteles de super lujo proliferan y la llegada de grandes cadenas internacionales como Aman o el regreso del Four Seasons a su icónico edificio de la 57th Street reafirman la competencia en la cúspide del lujo, surge una pregunta inevitable: qué hace especial a este hotel boutique para haberse convertido en el refugio discreto de figuras clave del panorama político, empresarial y cultural mundial.
La respuesta no está en la ostentación ni en la escala, sino en una forma de entender el lujo basada en la discreción, el anonimato y una excelencia. The Mark no busca ser visto, busca ser reconocido por quienes valoran los códigos no escritos, el servicio intuitivo y una atmósfera donde la privacidad es el verdadero privilegio.
El lujo de lo intangible

Foto: Lartisien
¿Acaso las camas son más cómodas que en otros grandes hoteles, la presión de la ducha es mayor o el menú de room service ofrece caviar a altas horas de la noche? Todo eso se da por hecho en un hotel de esta categoría.
La verdadera diferencia de The Mark se percibe con el paso de las horas. En cómo el espacio parece adaptarse al huésped sin hacerse notar. En un nivel de personalización casi intuitivo y una cuidada selección de amenities que revelan criterio, sensibilidad y una comprensión profunda de lo que hoy entendemos por lujo contemporáneo.
Esa filosofía se materializa en detalles que sorprenden sin alardes. Un discreto stand de perritos calientes a la entrada del hotel firmados por el chef con tres estrellas Michelin Jean-Georges, pedicabs creados en colaboración con Bergdorf Goodman que acompañan a los huéspedes por la Quinta Avenida hasta el mítico department store, o incluso un barco propio para navegar el río Hudson al atardecer. Pequeños gestos que, en conjunto, definen una experiencia pensada para quienes valoran lo excepcional sin necesidad de exhibición.
El penthouse más icónico

Foto: Lartisien
En lo más alto del edificio se encuentra The Mark Penthouse, considerado el penthouse hotelero más grande de Estados Unidos. Con más de 900 metros cuadrados, varias habitaciones, chimeneas, terrazas privadas y vistas espectaculares sobre la ciudad, se ha consolidado como uno de los espacios más codiciados por celebridades, creativos y grandes fortunas. A día de hoy figura entre las habitaciones más caras del mundo, con tarifas que pueden alcanzar los 75.000 dólares por noche.
En 2016, al inicio de mi carrera profesional, tuve la oportunidad de trabajar en The Mark. Siempre que menciono el precio de esta suite, la reacción suele ser la misma, muchos se preguntan si se trata de una mera estrategia de marketing. La realidad, sin embargo, es mucho más reveladora.
Durante el año y medio que trabajé allí, el penthouse estuvo ocupado de forma continuada por un mismo cliente y su familia. Incluso aplicando un descuento, la tarifa se situaba en torno a los 40.000 dólares por noche, sin desayuno incluido. Una cifra que confirma hasta qué punto este espacio responde a una demanda real y sostenida.
The Mark como antesala de la Met Gala

Foto: Lartisien
Cada primer lunes de mayo, The Mark Hotel se convierte en uno de los epicentros más observados del planeta. Mientras el Metropolitan Museum of Art acoge la Met Gala, el hotel actúa como una discreta antesala. Allí se concentran diseñadores, celebridades y estilistas antes de desfilar por la alfombra roja.
Lejos del espectáculo explícito, The Mark ofrece el entorno perfecto para ese momento previo, íntimo y coreografiado donde se ultiman detalles, se afinan estilismos y se respira una tensión creativa única. Su proximidad al museo, unida a su atmósfera de elegancia contenida, ha convertido al hotel en un símbolo no oficial pero imprescindible de la noche más influyente de la moda internacional.
The Mark Hotel representa una visión del lujo que prescinde del exceso y se apoya en la discreción, el criterio y la autenticidad. Su verdadera fortaleza reside en una coherencia absoluta entre historia, diseño y experiencia. Por eso es capaz de reinterpretar el legado del viejo Nueva York con un lenguaje plenamente contemporáneo.
Más que un hotel, es un refugio para quienes entienden el lujo como algo íntimo y personal. Un lugar que no se visita, se reconoce, y que sigue marcando el pulso más silencioso y sofisticado del lujo neoyorquino.
Fuente: The Luxonomist
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