Hotel
Entre un mapa de frutales y suites, este hotel mallorquín ofrece un retiro de calma y silencio que empuja a olvidarse de la isla y se convierte en destino en sí mismo.
16 de abril de 2026
Lo primero que llama la atención cuando llegas al Cap Vermell Grand Hotel es que no parece un establecimiento hotelero. Situado en el noroeste de Mallorca, al pie de un anfiteatro natural que es puro paisaje mediterráneo, tiene hechuras de pueblo mallorquín de montaña. Atrás ha quedado esa isla excesiva a ratos, en ese privilegiado enclave es la calma y el silencio lo que domina en cada rincón. Algunas rapaces sobrevuelan una sierra desde la que bajan cabras asilvestradas baleares para curiosear alrededor de las instalaciones del hotel.
La naturaleza, tan presente en la zona, encuentra su réplica en el hermoso jardín de vegetación casi exclusivamente mediterránea: la fotogénica lavanda, el aromático romero, las gramíneas mecidas por el viento y los altivos palmitos entre otras muchas especies, con el agua fluyendo por todas partes para aportar el necesario punto de frescura. Por la arquitectura, el diseño, la armonía con el entorno y el compromiso con la cultura de la zona y la sostenibilidad, la Unesco les otorgó el Premio Prix Versailles.
142 habitaciones y un hotel convertido en destino

Foto: Cap Vermell Grand Hotel
En mitad de ese vergel encontramos 142 habitaciones divididas en zonas que responden al nombre de los árboles frutales que las abrazan: Limonero, Naranjo, Peral, Olivo, Granado y Almendro. Pese al número de estancias y la alta ocupación que suele tener el hotel durante toda la temporada -de marzo a noviembre-, todo está organizado de tal manera para que se perciba una relativa soledad.
El descanso y el relax está por encima de todo, a lo que se une una extraordinaria oferta gastronómica. Hasta tal punto que podemos afirmar que la experiencia no es tanto viajar a Mallorca: Cap Vermell Grand Hotel es el destino. Aunque si se decide ir más allá, a apenas diez minutos están dos de las mejores calas de la isla, Agulla y Mesquida.
El arte, omnipresente

Foto: Cap Vermell Grand Hotel
Al acceder al proceso de registro, en el que ya se percibe que otro de los grandes valores del alojamiento es su personal, podemos ver la hermosa escultura Mr Arbitrium, del artista italiano Emanuelle Giannelli.
El arte y la belleza son una constante en todas las instalaciones, con obras tan destacadas como Toro del mar del alemán Frank Krüger; Poeta Holandés Enamorado de?Gustavo Peñalver; Rellotge d'arena y Porta d'arena de?Fina Massanet; pinturas de Mara Grubert; y otras muchas piezas de Ye Hongxing, Luca Crestani, Chris Maynard, Jenia Maslova o Marta Bejarano, entre muchos otros.
Perderse buscando los frutales

Foto: Cap Vermell Grand Hotel
A las diferentes habitaciones se puede llegar en carritos de golf acompañados por el personal o, totalmente recomendable, escogiendo caminos al azar entre los jardines para disfrutar de un paseo lento -siempre acabaremos encontrando una señal que nos indica el frutal que designa a nuestra zona-, de los colores y los aromas de la vegetación y del rumor del agua.
Según la tipología, las habitaciones tienen vistas al valle, al propio hotel o a los jardines, y van desde los 48 metros cuadrados de las junior suites hasta los más de 200 de las presidenciales. Todas cuentan con una terraza que invita a pasar las horas disfrutando de una copa de vino mientras se atenúa la luz del día.
La experiencia gastronómica

foto: RusneDrazPhotos
Los días en Cap Vermell Grand Hotel empiezan con un tranquilo desayuno que cuenta con un rincón dedicado al producto mallorquín. Es la antesala de una magnífica oferta gastronómica que supone un viaje en sí misma. Inician la temporada con dos nuevas propuestas: Bravo y Villa Sofía.
La primera de ellas, en sustitución del Tapas Bar, ofrece un nuevo giro a la diversidad de la gastronomía española, basando su carta en tapas tan clásicas como las croquetas de jamón ibérico y en modernas propuestas como el bacalao a la romana con pil-pil de pimientos. El antiguo Balearic se convierte en Villa Sofía, con una creativa propuesta basada en el mundo de la pasta: técnica italiana con producto mallorquín, y de ahí salen platos como la carbonara elaborada con guanciale de porc negre de la isla.
La joya de la corona

Foto: Cap Vermell Grand Hotel
La joya de la corona es Voro, el restaurante de Álvaro Salazar con dos estrellas Michelin. En su cuenta de Instagram vemos una declaración de intenciones cargada de honestidad: «Guiso en Voro». Entre el interés por la cocina de su tita Luisa con la familia unida alrededor de una mesa y la coherencia de cada uno de los platos que presenta en su menú degustación, hay estancias en restaurantes como Echaurren, la llegada de su primera estrella en un local en Mallorca que era más parecido a una heladería, y la dualidad geográfica entre sus raíces jienenses y la potencia gastronómica del Mediterráneo.
Enumerar los platos de su propuesta no tiene tanto sentido como hacer mención de lo que nos vamos a encontrar: cocina de aprovechamiento, profundo estudio, sostenibilidad bien entendida, sabor y preciosismo de la mano, emoción, recuerdos, una medida coreografía en sala, complicidad entre ingredientes y técnica. Todo puesto al servicio de una «lectura andaluza del Mediterráneo», como define Álvaro la identidad de su cocina. La novedad para esta temporada es que van a ofrecer un único menú de 28 pases, la forma más coherente de mostrar todo lo que tienen que decir.
El dolce far niente

Foto: Cap Vermell Grand Hotel
Las piscinas, una de ellas para adultos, completan esa oferta que apunta a un dolce far niente eterno. Y si todavía resulta poco, no hay que dejar pasar la oportunidad de pasar por el spa Serenitas para escoger alguno de los tratamientos de su carta: masaje individual o en pareja, faciales y corporales, rituales de belleza o la exclusividad de la terapia en una cama de arena de cuarzo que promete aliviar la tensión muscular y potenciar el rejuvenecimiento celular.
Fuente: National Geographic
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