Hotel
Se llama Ryugyong y tiene 334 metros de altura. Empezó a construirse en la década del 80 con el apoyo de la Unión Soviética para competir con Corea del Sur.
1 de enero de 2026
En el centro de Pyongyang, la capital de Corea del Norte, se alza una estructura imposible de ignorar. Un coloso de concreto y vidrio. Es el Ryugyong Hotel, una estructura que ha sido llamada "el peor edificio del mundo", "la pirámide de la desolación" y, con un dejo de ironía fatalista, "el hotel de la muerte". Nadie ha dormido jamás en una de sus habitaciones. Nadie ha celebrado una boda en sus salones. Nadie ha visto la ciudad desde sus restaurantes giratorios. Y, sin embargo, ahí sigue, firme en el centro de la capital de Corea del Norte.
En la década de 1980, Kim Il-sung, el "presidente eterno", contempló la silueta de Seúl en ascenso y la noticia de un récord mundial: una empresa surcoreana acababa de inaugurar el Westin Stamford Hotel en Singapur, el hotel más alto del planeta. Por aquellos años, el sur se preparaba para los Juegos Olímpicos de 1988 y el norte no podía tolerar semejante desplante de modernidad. Fue entonces cuando el líder norcoreano, apoyado por la Unión Soviética, ordenó levantar un edificio que eclipsara cualquier hazaña arquitectónica de sus rivales.
El hotel que quería desafiar al mundo
-Quiero que el mundo hable de nosotros -dijo, según relatan quienes vivieron aquella época-. Quiero que vean lo que somos capaces de hacer.

La calles vacías de la capital de Corea del Norte y en el fondo el hotel fantasma
Así nació el Ryugyong Hotel: una promesa de 334 metros de altura, 105 pisos, 3.000 habitaciones, ocho restaurantes giratorios en la cima y un casino para atraer una clientela internacional, en una ciudad que apenas recibía visitantes extranjeros. La inversión inicial, según estimaciones de medios japoneses, superaba los 750 millones de dólares, cerca del dos por ciento del PBI nacional de entonces. El edificio, de 330 metros de altura, duplicaba el tamaño de las Grandes Pirámides de Egipto y pretendía ser la joya del aislamiento norcoreano. Un faro para viajeros internacionales, un imán para inversionistas extranjeros y una respuesta monumental al progreso capitalista del sur.
La ciudad de Pyongyang, con su cielo azul y casi sin contaminación -un lujo socialista, según la propaganda oficial, resultado de la benevolencia del Mariscal Kim Jong-un-, conserva en sus avenidas una estética funcional y gris. Bloques uniformes flanquean las calles, sin ostentación, solo excepción hecha para los monumentos del clan Kim y, por supuesto, para la mole de Ryugyong. El hotel toma su nombre de "La ciudad de los sauces", uno de los nombres poéticos de la capital, y fue presentado como "el faro que iluminaría Oriente".
Durante los primeros años, la construcción avanzó a ritmo frenético. Los obreros trabajaban bajo la mirada de ingenieros soviéticos. Las grúas dibujaban siluetas en el cielo de Pyongyang y la prensa oficial publicaba imágenes del esqueleto blanco ascendiendo sobre los tejados bajos de la ciudad. El Ryugyong se promocionaba como "la maravilla arquitectónica del socialismo", un símbolo de la voluntad inquebrantable de la República Popular Democrática de Corea.

Una imagen del interior del Ryugyong Hotel vacío
El impacto de la caída de la Unión Soviética
Pero la historia se torció. Llegó el año 1989, fecha prevista de apertura, y el edificio no estaba terminado. Cayó el muro de Berlín, la perestroika se desplomó y la Unión Soviética se disolvió. El régimen norcoreano, convencido de su autosuficiencia y su independencia gloriosa, vio cómo su mundo cambiaba en cuestión de meses. El Gran Líder no había previsto nada de eso. ¿Cómo podría? Sin el apoyo soviético, Corea del Norte cayó en una depresión económica devastadora.
En 1992 la estructura estaba completa, pero el país comenzaba el descenso hacia la Ardua Marcha, una hambruna masiva. Las laderas de las montañas fueron esquilmadas para alimentar a la población y, según estimaciones de organizaciones internacionales, murieron tres millones de norcoreanos. Durante los años noventa, la escasez era tan insoportable que la gente comía corteza de árbol. El Ryugyong, oscuro y gigantesco, se erguía sobre Pyongyang como una sombra siniestra, prohibida incluso en las conversaciones cotidianas.
El edificio, lejos de ser motivo de orgullo, se convirtió en una herida abierta para el régimen. La prensa internacional lo bautizó como "el Hotel de la Muerte", "el Hotel Fantasma" y "el peor edificio del mundo". Los rumores proliferaron: se hablaba de errores estructurales, de un diseño inspirado accidentalmente en el Ministerio de la Verdad de "1984" de George Orwell, de problemas con las columnas y los ascensores. Incluso se afirmaba que el edificio era tan inestable que nadie se atrevía a acercarse a sus cimientos. Los turistas que lograban visitar la ciudad descubrían que sus guías les impedían fotografiar la mole: "¿Por qué iban a querer retratar un edificio a medio terminar habiendo estatuas del Querido Líder que admirar?", decían.

Las estructuras del interior del hotel abandonadas desde hace casi 30 años
Durante años, el gobierno norcoreano intentó borrar al Ryugyong de la memoria colectiva. En las postales oficiales de Pyongyang, el hotel simplemente desaparecía: el cielo se pintaba de azul y la pirámide nunca existía. Las visitas de turistas eran cuidadosamente guiadas para evitar cualquier ángulo en el que la mole pudiera asomar. Solo los locales sabían que, detrás de la propaganda, el hotel era una ruina monumental, un recordatorio del precio del aislamiento.
El hotel fantasma
A finales de los 2000, la posibilidad de apertura se reanimó. El régimen norcoreano abrió un tímido diálogo con el sur y coqueteó con reformas económicas. La empresa egipcia Orascom, contratada para instalar la red de telefonía móvil 3G en el país, ofreció unos 400 millones de dólares para terminar el hotel a cambio de montar la infraestructura de telecomunicaciones. De esa cifra, 180 millones se emplearon en forrar el exterior del edificio con paneles de cristal espejado. Por primera vez, el Ryugyong dejó de ser una ruina y adquirió una apariencia de modernidad espectral, reluciente bajo el sol y reflejando la ciudad en sus fachadas inclinadas. Pero por dentro seguía vacío.
La promesa de apertura se reavivó. El gobierno anunció que el hotel sería inaugurado en 2012, coincidiendo con el centenario del nacimiento de Kim Il-sung. La noticia recorrió el mundo: el "Hotel de la Muerte" resucitaría. Incluso la cadena hotelera de lujo Kempinski anunció una alianza para abrir parcialmente el edificio y operar 150 habitaciones, restaurantes y un cine en los pisos bajos.
Pero, otra vez, el destino del Ryugyong se torció. Apenas unos meses después, Kempinski se retiró del proyecto. La excusa oficial fue que "el mercado no estaba listo", aunque los rumores sobre problemas estructurales y la tensión nuclear en la península volvieron a ocupar titulares. Al año siguiente, un edificio de apartamentos de 23 pisos colapsó en Pyongyang debido a "deficiencias en la construcción". El fantasma de la inestabilidad planeó de nuevo sobre el hotel. Se decía que los ascensores nunca habían sido alineados correctamente, que las instalaciones eléctricas y de ventilación seguían ancladas en la tecnología de los años ochenta.

La vista desde una de las ventanas del hotel
Un paseo por el interior del hotel
-Nos llevaron en el único ascensor que funcionaba hasta el piso 99 -relata Simon Cockerell, uno de los pocos occidentales que han estado dentro del Ryugyong-. Era un elevador de servicio, sin botones, operado manualmente. Subimos, miramos alrededor y bajamos de nuevo al vestíbulo, que no era más que cemento expuesto y vacío.
Las imágenes del interior, filtradas en 2012, mostraban paredes desnudas, pasillos sin luz y una atmósfera de abandono. Mientras, el exterior relucía impecable: un espejismo de prosperidad, un decorado de ciencia ficción para ocultar el vacío. En 2018, el régimen instaló luces LED en una de las fachadas, convirtiendo el Ryugyong en el mayor espectáculo luminoso de la ciudad. Cada noche de fiesta, la pirámide se transforma en una pantalla de propaganda: escenas de la historia nacional, eslóganes patrióticos y una bandera gigante de Corea del Norte proyectada en la cima.
-La primera vez que lo vi iluminado, fue impactante -admite Will Ripley, corresponsal de CNN-. No lo prenden siempre, solo cuando hay grandes eventos. Supongo que es para ahorrar electricidad.
El hotel, que debía ser un símbolo de apertura al mundo, se convirtió en una fortaleza cerrada, prohibida para norcoreanos y extranjeros por igual. Durante años, los accesos estuvieron vigilados por guardias armados y carteles de "prohibido el paso". Solo en 2018 se permitió a la gente acercarse al vestíbulo, aunque la entrada permaneció cerrada.
El Ryugyong Hotel es hoy el edificio desocupado más alto del mundo y el 63º más alto en la lista global de rascacielos. Aunque ya no ostenta el récord de la península -el Lotte World Tower en Seúl lo superó en 2017 por casi 240 metros-, sigue dominando el horizonte de Pyongyang. En los últimos años, la ciudad ha visto un auge de edificaciones residenciales, pero ninguna se acerca a la escala ni al aura espectral del hotel fantasma.
Lo cierto es que, en Pyongyang, la vida transcurre bajo la sombra de la pirámide. Los niños crecen sin saber por qué ese gigante de vidrio nunca recibe huéspedes. Los guías turísticos cuentan chistes sobre la "plataforma de lanzamiento de misiles" y los pocos extranjeros que llegan al país recogen, con asombro y desconcierto, las postales en las que el edificio no existe.
Fuente: Infobae
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