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Un hotel de hielo, un observatorio semienterrado y otras 12 construcciones extremas en paisajes imposibles

Desde el Polo Sur hasta la selva ecuatoriana, pasando por los fiordos noruegos, el Himalaya o el corazón del desierto saudí, hay obras únicas que merecen un viaje

23 de junio de 2026

Viajando uno puede encontrarse por el mundo edificios que desafían toda lógica geográfica: hoteles de hielo que desaparecen cada primavera, observatorios enterrados en desiertos donde no llueve durante décadas, refugios suspendidos sobre acantilados, museos en mitad de la selva o iglesias solitarias frente al océano más bravo. Para llegar hasta ellos hay que cruzar glaciares, navegar fiordos, atravesar dunas o internarse en bosques remotos. Son destinos en sí mismos. Arquitecturas que justifican el viaje.

Aunque las ciudades suelen ser el escenario de las grandes obras arquitectónicas, algunas de las más fascinantes del mundo se encuentran precisamente donde menos se esperan: en lugares remotos, hostiles o aparentemente inhabitables. En esos escenarios extremos, el edificio se convierte en una herramienta de supervivencia, un manifiesto cultural o una declaración de amor al paisaje. Del Ártico sueco a la Patagonia chilena, pasando por el desierto de Atacama, las montañas noruegas o la selva amazónica, este es un listado con 14 de edificios extraordinarios que nos acercan a otra forma de entender la arquitectura.


1. Fogo Island Inn (Canadá): un hotel suspendido entre el Atlántico y el fin del mundo

En una isla remota frente a la costa de Terranova, una de las regiones más aisladas de Canadá, donde los icebergs navegan lentamente hacia el Atlántico, aparece una estructura blanca apoyada sobre pilotes: es Fogo Island Inn, un extraño edificio que parece un cruce entre una estación científica polar y una escultura contemporánea. Su diseño reinterpretó las tradicionales casas pesqueras de la región elevándolo sobre el terreno rocoso. Desde el interior, enormes ventanales convierten el océano en una presencia constante.



Exterior del hotel Fogo Island Inn.

Robert Harding ( Alamy / CORDON PRESS )

Llegar hasta aquí requiere varios medios de transporte y cierta determinación; hay que volar a St. John's o Gander, y de allí tomar el ferri hasta Fogo Island. Precisamente por eso la experiencia resulta tan especial. Su aislamiento es absoluto y podemos sentir lo que es estar al borde del Atlántico Norte.

Durante siglos, Fogo Island dependió casi exclusivamente de la pesca del bacalao. Cuando la industria se vino abajo, en los años noventa, la isla tuvo que reinventarse. Y fue entonces cuando llegó este alojamiento, diseñado por el arquitecto Todd Saunders. Aunque se apoya sobre pilotes de acero que evocan las tradicionales construcciones pesqueras locales, su apariencia es radicalmente contemporánea.

Las habitaciones se orientan hacia el océano Atlántico y están concebidas como observatorios del paisaje. En determinadas épocas del año pueden verse icebergs a la deriva, ballenas jorobadas o tormentas oceánicas que parecen sacadas de una novela marítima. La construcción también es un ejemplo de arquitectura con impacto social. Los beneficios del hotel se reinvierten en proyectos comunitarios que contribuyen al desarrollo de la isla. El hotel se complementa con los estudios de artistas distribuidos por la isla, que son pequeñas joyas arquitectónicas contemporáneas.


2. Icehotel (Jukkasjärvi, Suecia): el alojamiento que se derrite cada año

Cada invierno, artistas y arquitectos de todo el mundo construyen en el norte de Suecia un hotel completo utilizando únicamente nieve y hielo extraídos del río Torne. Habitaciones, columnas, lámparas, esculturas e incluso los vasos del bar nacen de un material destinado a desaparecer pocos meses después. El alojamiento se reconstruye anualmente desde 1990 y está considerado el primer hotel de hielo del mundo. Y cada primavera, se descongela y vuelve al río del que surgió.


Una de las habitaciones del Icehotel, en Jukkasjarvi, en 2024.

akob Akersten Broden/ ( TT News Agency / Alamy / CORDON PRESS )

El Icehotel no es simplemente un edificio construido con hielo: es una obra colectiva que se reinventa cada temporada, y por supuesto, uno de los lugares más singulares del mundo para dormir. Sin duda, es una de las arquitecturas más efímeras y sorprendentes del planeta.

Todo el proceso comienza en primavera, cuando se extraen miles de toneladas de hielo cristalino del río. Ese hielo se almacena durante el verano y se utiliza meses después para construir un complejo de más de 5.000 metros cuadrados. Artistas y arquitectos diseñan suites temáticas que funcionan como instalaciones efímeras. Algunas recuerdan catedrales de hielo; otras, galerías de arte contemporáneo o paisajes oníricos. Dormir aquí supone una experiencia peculiar. La temperatura interior ronda los -5ºC y los huéspedes descansan sobre camas cubiertas con pieles y sacos térmicos diseñados para soportar condiciones polares. Sin embargo, el verdadero protagonista no es el frío sino la sensación de pasar la noche dentro de una escultura monumental.

Se encuentra a 200 kilómetros al norte del Círculo Polar Ártico, en el pequeño pueblo de Jukkasjärvi. Para llegar, el aeropuerto más cercano es Kiruna, conectado con Estocolmo. Desde allí hay unos veinte minutos por carretera. Y una vez en el hotel, lo mejor son las excursiones nocturnas para observar auroras boreales sobre el río congelado.


3. El Observatorio Paranal (Chile): arquitectura para mirar el universo

El clima es el peor enemigo en el desierto de Atacama, un lugar que parece un paisaje extraterrestre. Pero está la cara B: la extrema sequedad, la pureza de la atmósfera y la ausencia casi total de contaminación lumínica lo convierten en uno de los mejores lugares del planeta para observar el cielo. En mitad de esa inmensidad se encuentra el Observatorio Paranal, sede del Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral.


Dos científicos junto al telescopio del Observatorio Paranal.

Connect Images / CI-Start / GETTY IMAGES

Lo sorprendente es que gran parte de su arquitectura permanece oculta. Los edificios principales están parcialmente enterrados para reducir el impacto visual y protegerse de las condiciones climáticas extremas. La residencia de científicos, diseñada por Auer + Weber, incorpora un oasis interior con jardines y una gran cúpula de cristal. Después de recorrer kilómetros de desierto absoluto, encontrar este espacio resulta casi surrealista.


Localizado 130 kilómetros al sur de la ciudad de Antofagasta en Chile y a una altitud de 2.600 metros, para visitarlo hace falta una autorización previa. Las noches son inolvidables: si se puede, hay que hacer una visita nocturna autorizada durante las jornadas abiertas al público.


4. Manshausen Island Resort (Noruega): dormir sobre un fiordo ártico

Los paisajes polares se prestan a construcciones sorprendentes que desafían los elementos y el clima extremo. Es lo que ocurre en la costa de la provincia de Nordland, al norte de Noruega, donde la frontera entre tierra y mar se vuelve difusa. Montañas escarpadas emergen directamente del océano y las tormentas transforman el paisaje en cuestión de minutos. Y de repente, aparecen unas cabañas flotando sobre los fiordos.



Las cabañas del Manshausen Island Resort, diseñadas por el arquitecto Snorre Stinessen, parecen flotar sobre el agua. Construidas con materiales sobrios (acero, madera y vidrio) y líneas minimalistas, se integran perfectamente en el entorno. Los interiores están dominados por grandes superficies acristaladas, de forma que desde la cama es posible contemplar águilas marinas, auroras boreales o la luz interminable del verano ártico. La experiencia es una combinación de aislamiento, silencio y una sensación permanente de contacto con la naturaleza.


Se llega desde Bodø por carretera y barco. Una vez allí, la mejor experiencia, aparte de contemplar la naturaleza tras los cristales del hotel y dormir suspendido entre mar y montaña, es hacer una travesía en kayak entre islas durante el sol de medianoche.


5. Museu do Amanhã (Brasil): una nave espacial junto a la bahía de Río

Pocos edificios modernos han redefinido tanto el frente marítimo de una ciudad como el Museu do Amanhã, en Río de Janeiro. Con una combinación de ingeniería espectacular y mensaje ambiental, parece recién llegado de otro planeta, desplegado como una criatura marina futurista desde la bahía. Diseñado por el arquitecto español Santiago Calatrava, el edificio se inspira en formas orgánicas asociadas al mundo marino. Sus enormes alas móviles regulan la entrada de luz solar y contribuyen a la eficiencia energética del conjunto.



Vista aérea del Museu do Amanhã, un diseño de Santiago Calatrava, en Río de Janeiro.

dabldy ( GETTY IMAGES )

La ubicación es espectacular. Situado sobre un muelle que se adentra en la bahía de Guanabara, parece una nave futurista a punto de emprender un viaje oceánico. Más allá de su estética, el museo plantea preguntas sobre el cambio climático, la sostenibilidad y el futuro de la humanidad. El edificio está en la zona portuaria de Río de Janeiro, y una de las mejores imágenes es la contemplarlo al amanecer desde la plaza Mauá.


6. Hotel Explora Patagonia (Chile): frente a las montañas más salvajes de Sudamérica

Como un barco varado frente a uno de los paisajes más espectaculares del planeta, el Explora es un hotel diferente a cualquier otro. El edificio fue concebido para desaparecer visualmente y permitir que el protagonismo absoluto recaiga sobre el entorno: ventanales inmensos enmarcan picos de granito, lagos glaciares y llanuras azotadas por el viento. Aquí el lujo no consiste en lámparas de diseño o mármoles importados, sino en la experiencia de despertarse frente a las agujas de las Torres del Paine mientras el amanecer tiñe de naranja las montañas.



El hotel Explora Patagonia y, al fondo, los Cuernos del Paine.

Michele Falzone ( Alamy / CORDON PRESS )

Estamos en el parque nacional Torres del Paine, donde la naturaleza parece diseñada para impresionar. Los glaciares se desploman sobre lagos turquesa, el viento moldea las nubes a velocidad vertiginosa y las montañas emergen del horizonte como agujas de granito.


Explora Patagonia es uno de los hoteles más admirados de América Latina. Su arquitectura, diseñada por Germán del Sol y José Cruz Ovalle, persigue una idea sencilla: que nada distraiga al visitante del paisaje. El edificio se extiende horizontalmente siguiendo las líneas del terreno. Las fachadas blancas y los grandes ventanales permiten que el entorno entre literalmente en las habitaciones y desde muchos espacios comunes se observan las Torres del Paine como si fueran una pintura panorámica.


A diferencia de los hoteles de lujo tradicionales, aquí la arquitectura funciona como una plataforma de observación. Todo está orientado hacia el exterior. Los visitantes pasan gran parte del día explorando glaciares, cabalgando por estepas patagónicas o navegando por lagos alimentados por el hielo.


7. Centro de Visitantes de Uluru-Kata Tjuta (Australia): arquitectura en diálogo con una montaña sagrada

En mitad del Outback australiano, donde las distancias parecen infinitas, la arquitectura debe responder a temperaturas abrasadoras y a una profunda dimensión cultural. En una región donde las temperaturas superan fácilmente los 40ºC, el diseño incorpora estrategias pasivas de ventilación y protección solar.



El Centro de Visitantes de Uluru-Kata Tjuta.

Greg Balfour Evans ( Alamy / CORDON PRESS )

Uluru no es solo uno de los paisajes más reconocibles de Australia y también un lugar sagrado para el pueblo anangu. El centro cultural construido junto al monolito evita competir con el entorno, utilizando formas orgánicas y materiales adaptados al clima extremo. Sus formas curvas se inspiran en elementos naturales y en narrativas indígenas tradicionales. La arquitectura funciona aquí como una transición entre el visitante y el territorio. Más que un edificio, es una puerta de entrada para comprender uno de los paisajes sagrados más importantes del país.


Antes de acercarse a Uluru, el edificio ayuda a comprender la dimensión cultural y espiritual del lugar.


8. Arctic Henge (Islandia): un Stonehenge para el siglo XXI

La mayoría de los viajeros que visitan Islandia nunca llega hasta Raufarhöfn, un pequeño pueblo del noreste situado a pocos kilómetros del Círculo Polar. Precisamente allí se alza el Artic Henge, un monumento astronómico inspirado en la mitología nórdica y los movimientos astronómicos. Sus enormes estructuras de piedra funcionan como puertas simbólicas alineadas con los ciclos solares. Durante determinadas épocas del año, la luz atraviesa los arcos creando efectos visuales sorprendentes.



El Arctic Henge, en Raufarhöfn.

Finn Hafemann ( GETTY IMAGEWS )

Aquí, la sensación de aislamiento es total. El paisaje circundante está compuesto por llanuras volcánicas, océano y cielos inmensos. Estamos en una de las regiones menos pobladas de Europa, donde el efecto de este edificio resulta hipnótico. Se puede llegar por carretera desde Akuryri, y resulta especialmente interesante y único en verano, bajo el sol de medianoche.


9. Treehotel (Suecia): la fantasía arquitectónica del bosque boreal

Seguimos en el mundo nórdico, tan propicio a las arquitecturas extrañas en medio de la naturaleza. Para todos los que de niños soñaron con dormir en una casa en un árbol, Treehotel lleva esa fantasía al extremo. Las habitaciones están suspendidas entre pinos y adoptan formas imposibles: cubos espejo, nidos gigantes, cápsulas futuristas o estructuras que parecen invisibles. A simple vista, podría parecer un bosque boreal cualquiera del norte de Suecia, pero esconde entre los árboles algunas de las habitaciones más originales del mundo.



The Cabin, uno de los alojamientos del Treehotel.

ARCTIC IMAGES / Alamy / CORDON PRESS

Cada uno de sus alojamientos ha sido diseñado por arquitectos diferentes. El famoso Mirrorcube está revestido con espejos que reflejan el bosque hasta hacerlo prácticamente invisible. El Bird's Nest reproduce un gigantesco nido suspendido. Otras habitaciones adoptan formas de cápsulas espaciales o estructuras geométricas futuristas. La idea consiste en transformar el bosque en una experiencia arquitectónica inmersiva. La mejor experiencia es la de recorrer el complejo al amanecer, cuando la niebla se mezcla con los reflejos de las fachadas. Todo un bosque boreal convertido en una galería de arquitectura contemporánea.


10. Capilla de San Benito (Suiza): la belleza de la sencillez


La apilla de San Benito (Suiza), diseñada por el arquitecto Peter Zumthor.

Johann Hinrichs ( Alamy / CORDON PRESS )

Tras una avalancha que destruyó la iglesia original del pueblo alpino de Sumvitg, el arquitecto Peter Zumthor recibió el encargo de diseñar una nueva capilla en este entorno montañoso que parece sacado de una postal. La respuesta fue una pequeña obra maestra. La capilla de San Benito combina tradición alpina y arquitectura contemporánea. La estructura de madera curva se adapta perfectamente al paisaje y genera un interior cálido, íntimo y sereno. No hay tecnologías sorprendentes ni es un edificio espectacular por tamaño, pero es grandioso por su sensibilidad con el entorno. Todo se basa en la precisión de los materiales, la luz natural y las proporciones. Su exterior recuerda a una escultura de madera pulida por el viento. El interior, sencillo y luminoso, genera una sensación de calma difícil de encontrar.


No hay que perderse la visita al atardecer, cuando la luz entra lateralmente por el interior. Se llega desde Chur por tren y carretera hasta Sumvitg.


11. Amundsen-Scott South Pole Station (Antártida): vivir y trabajar en el lugar más remoto

Si existe un edificio que pueda reclamar legítimamente estar en el fin del mundo es la base Amundsen-Scott. Situada exactamente en el Polo Sur geográfico, a casi 3.000 metros de altitud sobre una gigantesca capa de hielo, esta estación científica estadounidense es uno de los lugares habitados más aislados del planeta. Aquí viven científicos, técnicos y personal de apoyo que desarrollan investigaciones sobre clima, glaciología, astrofísica y cosmología.



La Amundsen-Scott South Pole Station, en la Antártida.

peace portal photo / Alamy / CORDON PRESS

La construcción actual, inaugurada en 2008, parece una mezcla entre una nave espacial y una estación orbital. No es casualidad. Las condiciones son tan extremas que los arquitectos tuvieron que pensar en términos casi extraterrestres. Durante el invierno austral, las temperaturas pueden descender por debajo de los -70ºC y la oscuridad dura seis meses consecutivos. La estructura está elevada sobre pilotes hidráulicos que permiten ajustarla periódicamente para evitar que quede enterrada bajo la nieve acumulada.


Más allá de la arquitectura, impresiona la sensación de vacío absoluto: sin árboles, ni animales, ni ciudades... solo hielo hasta donde alcanza la vista.


No existen vuelos comerciales y el acceso se realiza desde Christchurch (Nueva Zelanda) mediante vuelos militares organizados por programas científicos.


12 Monasterio de Taktsang (Bután): el templo imposible

Pocas construcciones generan una sensación tan inmediata de asombro como el monasterio de Taktsang, conocido popularmente como el Nido del Tigre. Es probablemente el edificio religioso más espectacularmente emplazado del planeta. Suspendido sobre un acantilado a más de 3.000 metros de altitud en el Himalaya butanés, parece desafiar todas las leyes de la gravedad.



Vista del monasterio de Taktsang, en Bután.

Chris Dickinson ( GETTY IMAGES )

Según la tradición budista, Guru Rinpoche llegó hasta aquí montado sobre una tigresa voladora en el siglo VIII. La leyenda ayuda a explicar por qué el edificio parece pertenecer más al reino de los mitos que al mundo real. Los templos blancos se adhieren literalmente a la roca vertical y durante siglos solo se podía acceder mediante senderos de montaña. Incluso hoy la aproximación exige una caminata de varias horas entre bosques de pinos y banderas de oración.


Para llegar hasta aquí hay que volar a Paro y después ascender a pie. La llegada es inolvidable: el monasterio aparece y desaparece entre la niebla mientras las cascadas descienden por los acantilados.



Varias personas en el sendero que conduce hasta el monasterio del Nido del Tigre..

Keith Levit ( DPE/ UIG / Getty Images)

13. Mashpi Lodge (Ecuador): arquitectura suspendida sobre una nube verde

En la transición entre los Andes y la cuenca amazónica ecuatoriana se encuentra uno de los ecosistemas con mayor biodiversidad del mundo. Allí, rodeado por un bosque nuboso prácticamente intacto, aparece Mashpi Lodge. La construcción surge inesperadamente entre la vegetación como una gran caja de cristal.


Los arquitectos optaron por minimizar la ocupación del suelo y maximizar la relación visual con la selva. El resultado es extraordinario. Desde la habitación se observan colibríes, monos, tucanes y mariposas gigantes, y se tiene la sensación de flotar sobre el dosel forestal.



El lodge también funciona como centro científico para la investigación de especies y ecosistemas tropicales. La arquitectura se convierte así en una herramienta para la conservación.


Para llegar, hay que conducir aproximadamente una hora desde Quito: merece la pena para tener la experiencia de dormir inmerso en uno de los bosques más biodiversos del planeta.


14. Desert Rock Resort (Arabia Saudí): un hotel excavado en una montaña del desierto

Entre los grandes proyectos arquitectónicos que están transformando Oriente Medio pocos resultan tan impactantes como Desert Rock, que representa una nueva generación de arquitectura integrada en entornos extremos. Ubicado en una región montañosa y desértica del oeste saudí, el complejo ha sido literalmente excavado en la roca. La inspiración procede tanto de Petra como de los antiguos asentamientos nabateos.



Las habitaciones, villas y espacios comunes desaparecen visualmente en el paisaje. Desde lejos apenas se perciben. El proyecto responde además a una tendencia cada vez más visible en la arquitectura contemporánea: minimizar el impacto visual y aprovechar las condiciones naturales para mejorar la eficiencia energética. El resultado es un alojamiento futurista que parece haber estado siempre allí.


Al resort se llega por carretera, desde el aeropuerto internacional de Red Sea.

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