Historia
Sin casa y con una idea insólita: pasar un año durmiendo cada noche en uno de los 365 hoteles que había en Ámsterdam. Así comenzó el experimento de Vincent.
16 de marzo de 2026
Cuantas más historias descubres sobre las personas, mayor es la impotencia de saber que nunca llegarás a conocerlas todas. Los humanos, tan variopintos como creativos, emprendemos proyectos y "experimentos personales" de lo más curiosos, que nos llevan a aprendizajes a los que quizá podríamos haber llegado de formas más sencillas, pero sin duda no tan divertidas.
Vincent, profesional del marketing y originario de Holanda, se embarcó en 2012 en una de estas aventuras: durante un año entero se alojó cada noche en un hotel diferente de la ciudad, publicando una historia diaria en redes sociales. A partir de aquella experiencia escribió un libro, "Amsterdam duerme", y casi 15 años después nos cita, por supuesto, en un hotel para explicarnos cómo se le ocurrió todo aquello, en qué consistió exactamente y, sobre todo, qué aprendió al dejar su hogar y recorrer, en un año, todos los hoteles de la capital holandesa.
El año de los 365 hoteles

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Antes de empezar me gustaría que me explicaras, ¿cómo pusiste en marcha este proyecto?
Yo vivía en La Haya, pero quería mudarme a Ámsterdam y era muy difícil encontrar un lugar donde vivir. Así que alquilé un pequeño barco frente a la estación central de tren.
Y el primer fin de semana que dormí allí, la policía llamó a mi ventana y me dijo: «¿Qué haces aquí? No puedes vivir aquí, no tienes permiso. Tienes tres días para marcharte y buscar otro lugar». Y yo respondí: «Pero si he firmado un contrato y todo».
El contrato era falso. Así que, literalmente, me quedé sin hogar.
Estaba en la calle y pensé: «Tengo que pensar en un plan, porque no tengo tiempo para buscar un lugar». Entonces pensé: «¿Y si pudiera vivir en hoteles?». Tal vez podría viajar por los Países Bajos cada noche para ir a otro hotel y publicar una bonita historia, en lugar de pagar. Porque vivir en un hotel es extremadamente caro.
Ahora eso es bastante normal. Hay muchos influencers, pero en aquella época era raro...
¿En qué año fue esto exactamente?
En 2012. Así que ya hace bastante tiempo. Y vi que en Ámsterdam había exactamente 365 hoteles. Así que pensé: «Puedo hacerlo sin salir de la ciudad. Y viajar por Ámsterdam durante todo un año. Cada noche a otro hotel». Llamé a algunos amigos, agencias de relaciones públicas. Les dije: ¿podéis ayudarme? Estoy buscando hoteles bonitos. Y puedo escribir una historia. Y empezaron a llamar a hoteles.
¿Al principio pensabas escribir un libro?
No, empezó como un proyecto online. Cada día escribía un mensaje en Twitter y publicaba una historia sobre la noche anterior. En realidad fue al comienzo de las redes sociales.
También fue un bonito experimento para mí, y una buena presión. Un par de miles de personas me leían cada día. A veces publicaba una foto de la habitación en la que estaba y venían al hotel a visitarme. Solo cuando era un hotel de lujo, claro. Y si no publicaba una historia... La gente empezaba a preguntar: «¿Has dejado el proyecto? ¿Dónde está la historia?». Tenía que publicarla todos los días.

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Así que había algunos días en los que no lo hacías...
No, no. Lo hacía todos los días. Pero a veces, ya sabes, necesitas inspiración. O no tienes tiempo, y tardas un poco más.
¿Qué implicó esta aventura en tu vida personal? ¿Afectó a tu trabajo?
Nuestra oficina estaba en el aeropuerto de Schiphol, así que todos los días iba allí. Hacía algo de trabajo. Y luego... Tenía una rutina determinada.
Salía a las 10 de la mañana. Iba a la oficina. Me registraba en un nuevo hotel.
Escribía la historia del día anterior. Disfrutaba del nuevo hotel, lo recorría, y me iba a la cama. Cada día era como una meditación. Todos los días igual.
¿Tenías una planificación, por ejemplo al elegir hoteles? ¿O ibas improvisando?
Cuando empecé, planifiqué todo el mes con antelación. Cada día sabía adónde ir. Pero fue un poco aburrido, así que empecé a contactar con los hoteles el mismo día.
¿Y tenías algún requisito mínimo que debía cumplir el hotel?
No, ¡me alojé en todos los hoteles de la ciudad! Pero sí que intenté mezclarlos: una noche, un hotel de lujo, suite o algo bonito; al día siguiente, un albergue con una litera en un dormitorio compartido.
Aprender en cada check-in

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¿Al principio estabas emocionado con la idea? ¿Y fue cambiando tu sensación a lo largo del año?
Nunca perdí la emoción porque cada hotel tiene una bonita historia, y solo tenía un par de horas para encontrarla.
Aprendí mucho sobre las personas, sobre el servicio, pero también sobre mí mismo. Para mí el hogar nunca había sido importante. Empecé a darme cuenta de que, de niño, no me sentía seguro en mi propia casa. Siempre había mucha tensión. El proyecto se convirtió en una experiencia parecida a ir al psicólogo. ¿Por qué me siento como en casa en un hotel y no en una casa familiar?
¿Fue una experiencia solitaria? ¿O tuviste tiempo para conocer a mucha gente nueva?
Me llevaba dos o tres horas escribir cada historia y necesitaba experimentar el hotel, porque si no estaba allí no tenía nada que contar al día siguiente. Así que no tenía mucho tiempo para la familia y los amigos. Cuando los veía, venían al hotel y formaban parte de la historia.
Así que sí, la mayor parte del tiempo estaba solo. Hay mucha gente que trabaja en los hoteles y suelen ser muy amables, pero yo no era su amigo. Era más como un cliente o un periodista. Siempre había cierta distancia. A veces me sentía un poco solo, pero eso también estuvo bien.
¿Y interactuabas con los demás huéspedes?
Sí, claro. Algunas personas eran muy interesantes y divertidas. Pero también empecé a odiar a la gente.
¿Por qué?
Porque cada día aprendía más sobre cómo ser un huésped. Si eres arrogante y exigente, la gente que trabaja en un hotel empieza a odiarte. Así que intenté ser amable, estar callado, ser respetuoso. Y entonces empecé a fijarme en las otras personas. Algunas culturas son muy, muy, muy groseras.
Sé que es una pregunta un poco complicada, y quizás no tengas una respuesta definitiva. Pero, ¿cuál es tu mejor recuerdo de ese proyecto? ¿Y el peor?
El peor hotel estaba en el sótano de un hotel con el suelo mojado y olía a orina. Y tenía una lámpara que parpadeaba como en una película de terror. Yo estaba muy enfermo. Tenía como 40 grados de fiebre. Estaba en la cama y me sentía fatal, y entonces alguien llamó a mi puerta.
Me dijeron que no debía estar allí y que tenía que ir inmediatamente a la recepción del otro edificio para resolver el problema. Intenté explicar que me encontraba muy mal y que estaba escribiendo un proyecto, pero insistieron tanto que comencé a llorar.
El empleado fue verdaderamente desagradable e incluso sacó mi maleta de la habitación. En ese momento decidí marcharme. Era pasada la medianoche, así que fui a otro hotel y les conté la situación. Por suerte, fueron muy amables y me dieron una habitación sin pensarlo.
¿Y la mejor?
Es muy difícil elegir una, porque tuve muchos momentos bonitos. Por ejemplo, en un hotel muy barato, de una o dos estrellas, me ofrecieron té o café al hacer el check-in, e incluso me preguntaron si quería desayuno al día siguiente, y me lo llevaban a la habitación porque no tenían sala de desayunos.
Fue una sorpresa total, y precisamente por eso fue perfecto. Me enseñó que un hotel de cinco estrellas no siempre es mejor que uno pequeño.
¿Echabas de menos tener un hogar?
Lo único que echaba de menos era a mi gata. No pude llevármela. Ahora es bastante normal llevar a tus mascotas al hotel, pero en aquella época no era normal. Por desgracia, eso habría añadido otra capa.
Por lo demás, no eché nada de menos. Tiré todas mis cosas, mi ropa, mis fotos, mi título. Así que solo tenía una maleta.
'Amsterdam duerme': el resultado en páginas

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¿En qué momento de la experiencia se hizo popular en Ámsterdam lo que estabas haciendo?
Cuando empecé el proyecto a finales de diciembre, hice algo de relaciones públicas, así que los primeros días hubo muchos programas de televisión y periodistas que me entrevistaron. En enero en Ámserdam no hay demasiadas noticias y era un proyecto curioso, así que recibió mucha atención.
¿Pagaste en alguno de los hoteles?
Les pregunté a todos: «¿Me pueden ofrecer una habitación y yo escribiré una reseña positiva?». Y si no respondían o decían que no, yo mismo reservaba una habitación.
Solo los hoteles económicos y los hoteles muy malos no querían invitarme. Así que entonces podía escribir casi una historia sobre bichos desagradables, manchas de sangre y todo eso.
¿Y alguno de los hoteles más caros te invitó y luego escribiste una historia negativa?
No, siempre escribí una historia agradable, pero honesta.
El primer hotel era en ese momento el más lujoso de Ámsterdam, The Grand. Y me ofrecieron una suite. La noche anterior, nuestro rey se había alojado en la misma habitación.
Vale. Así que estaba allí, me registré, fui al baño y el inodoro no descargaba.Llamé a recepción y les dije: «Tengo un pequeño problema, el inodoro no funciona, pero no se preocupen. Hay un segundo inodoro, puedo usar ese».
Vinieron como diez personas a mi habitación. El técnico, el encargado de comunicación, la señora de relaciones públicas, el director del hotel, todo el mundo empezó a entrar en pánico. Y yo estaba allí de pie, pensando: No es para tanto.
Y entonces el becario, un chico muy joven, dijo: «Vincent, esto es lujo. Tienes a 10 personas que tiran de la cadena con un cubo de agua, en lugar de tener que hacerlo tú mismo». Hizo una broma. Y esa fue mi primera experiencia con la hospitalidad. Todo el mundo estba empezando a entrar en pánico, y ese chico supo qué hacer. Hacer una broma. Relajar a todo el mundo. Así que escribí esa historia.
El hotel se enfadó mucho, pero era una historia muy positiva y divertida. Yo estaba escribiendo una historia honesta, no una crítica. Eso es lo que hace que el proyecto sea interesante. Quiero decir, si solo dices que la habitación era muy bonita, no es interesante de leer.
¿En qué momento consideraste escribir un libro sobre ello? ¿Durante la experiencia o después?
Después de unos meses. A la gente le gustaron mucho las historias y me lo sugirieron.
Pero en el libro solo hay una selección de relatos, porque si no habría sido demasiado grande. Tuve que elegir las historias bonitas y mostrar el viaje.
¿Crees que el libro tiene algo de periodístico?
Para mí, era más como un diario. Pero para Ámsterdam y para la industria hotelera era muy interesante leer lo que estaba pasando en los hoteles, porque nadie lo sabía. Internet no era tan grande. No había vídeos de TikTok.
¿Qué conclusiones sacas de la experiencia? Si es que sacas alguna...
Aprendí a saber qué es el lujo. El lujo es atención, es ser visto. Cuando entras en un hotel de cinco estrellas, la gente está detrás de su mostrador y no establece ningún contacto. Pero debería haber alguien que dijera: «Hola, buenas tardes, bienvenido a nuestro hotel». Ser visto, eso es lujo.
Y eso fue realmente valioso para mi trabajo, para mi vida, para todo. Así que me cambió como persona y también cambió nuestro negocio.
Dijiste que el Vincent que empezó y terminó el año no es el mismo Vincent.
¿Cambió tu forma de comportarte más allá de los hoteles? Por ejemplo, cuando estás con tus amigos o con tu familia, ¿crees que ha influido también en ese Vincent?
Sí, sí. Ahora me preocupo mucho más por las personas que me rodean. Creo que me he vuelto una persona más agradable en todos los sentidos.
Y tal vez me hizo más humilde, más modesto y más respetuoso con los demás.
Última pregunta: ¿recomendarías la experiencia? ¿Volverías a hacerlo? Si alguien te dijera que va a hacerlo, ¿le dirías que adelante, que lo haga?
Fue muy agradable y útil, y aprendí mucho, pero me llevó demasiado tiempo y esfuerzo, y la verdad es que nunca volvería a hacerlo. Otras ciudades me preguntaron: «¿Te gustaría probar en Madrid o en Nueva York?». No, nunca más. No es posible, no es práctico.
Fuente: National Geographic
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