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Las altas temperaturas favorecen la proliferación de la legionella en instalaciones con agua estancada o mal mantenidas. Cómo se transmite, cuáles son los síntomas y cómo reducir el riesgo durante los meses de calor.
7 de enero de 2026
Cada verano, el aumento de las temperaturas trae consigo un riesgo sanitario que suele pasar inadvertido, la proliferación de la bacteria Legionella pneumophila. Su presencia se asocia principalmente a sistemas de agua caliente, climatización, piletas climatizadas y spas, donde puede multiplicarse si no existen controles adecuados.
En Argentina, al igual que en otros países, se registran cada verano brotes vinculados a hoteles, centros de salud, gimnasios y edificios con instalaciones complejas de agua. El factor común suele ser el mismo: condiciones ambientales favorables y deficiencias en el mantenimiento.
Por qué el verano es una época crítica
"La legionella se desarrolla mejor en temperaturas templadas, entre los 20 y los 45 grados", explica Ana Allende, investigadora científica del Cebas-CSIC, en diálogo con Europa Press. Durante el verano, el agua de determinadas instalaciones puede ubicarse fácilmente dentro de ese rango, sobre todo si no hay un control térmico adecuado.
Piscinas climatizadas, jacuzzis, spas, duchas de uso colectivo y sistemas de aire acondicionado con torres de enfriamiento pueden transformarse en reservorios ideales para la bacteria. A esto se suman otros factores de riesgo como el estancamiento del agua, la presencia de incrustaciones, corrosión, biofilms y restos orgánicos en cañerías o tanques.
Cómo se transmite la legionella

Síntomas de la legionela
La infección no se produce por beber agua, sino por inhalar microgotas contaminadas en forma de aerosol. Por eso, las instalaciones que generan vapor o niebla de agua representan el mayor riesgo.
Entre los sistemas más asociados a brotes se encuentran las torres de refrigeración, condensadores evaporativos, redes de agua caliente sanitaria, fuentes ornamentales, spas, equipos de humidificación y, en algunos casos, sistemas de riego por aspersión.
Síntomas y cuándo sospechar
La infección por legionella puede manifestarse como una neumonía conocida como enfermedad del legionario. Los síntomas iniciales suelen confundirse con una gripe fuerte:
"El diagnóstico se confirma mediante pruebas específicas, como el antígeno urinario, cultivos o técnicas moleculares", detalla Allende. El tratamiento requiere antibióticos y, en los casos más graves, internación hospitalaria, especialmente en personas mayores o con enfermedades previas.
Qué medidas reducen el riesgo
La prevención es clave y depende en gran medida del mantenimiento de las instalaciones. Los especialistas recomiendan mantener el agua caliente por encima de los 60 °C en tanques y acumuladores, y no menos de 50 °C en grifos y duchas. En el caso del agua fría, debería mantenerse por debajo de los 20 °C.
El rol de los establecimientos y los hogares
En hoteles, hospitales, gimnasios y edificios públicos, la responsabilidad recae en los equipos de gestión y mantenimiento, que deben aplicar protocolos preventivos y controles regulares.
En el ámbito doméstico, se recomienda vaciar y limpiar termotanques, calefones o tanques que hayan estado sin uso, purgar duchas tras ausencias prolongadas y mantener en buen estado jacuzzis o piletas climatizadas.
La legionella no se ve ni se huele, pero sus consecuencias pueden ser graves. Por eso, los especialistas coinciden en que el control y la prevención durante el verano son claves para reducir riesgos y evitar brotes.
Fuente: La Voz
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